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Lanzamiento de ARROPAME QUE TENGO FRIO
Claudia Gómez
Medellin
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Viernes 18 de Diciembre
Por: Claudia Gomez - Alejandro TobónClaudia Gómez
Medellin
De viaje con los romances
Estoy enamorada de este disco. En un comienzo me acerqué a estos romances con ingenuidad, y pensé que sería suficiente cantarlos yo sola con mi guitarra. El primero que grabé fue Aguacero, aguacerito, un canto que, aun después de concluir este sorpresivo y elaborado proceso de grabación, sigue generando en mí el más puro sentimiento hacia los romances. Creo que este enamoramiento ha surgido porque estas canciones son primordialmente sencillas, en tanto brotan de la ingenuidad creativa de la gente del Pacífico colombiano. Y con esa misma ingenuidad me acerqué a ellos. Comencé a jugar con sus melodías igual que una niña juega con sus muñecas, las viste, las peina, las saca a caminar y va creando un personaje y se va involucrando con ese nuevo ser que es sólo su propio reflejo, su espejo. Estos romances se convirtieron en mis amigos, los fui vistiendo de guitarra, de juegos a voces, de diálogos pentatónicos penetrantes, los descubrí entre rituales ancestrales donde han vivido por siglos, y me llevaron al altar a cantarle a su angelito; nos fuimos juntos de fiesta a bailar con la chirimía y me inundaron de sensualidad.

Claudia y Alejandro, en el estudio de grabación, Octubre 2009
Estoy enamorada de este disco. En un comienzo me acerqué a estos romances con ingenuidad, y pensé que sería suficiente cantarlos yo sola con mi guitarra. El primero que grabé fue Aguacero, aguacerito, un canto que, aun después de concluir este sorpresivo y elaborado proceso de grabación, sigue generando en mí el más puro sentimiento hacia los romances. Creo que este enamoramiento ha surgido porque estas canciones son primordialmente sencillas, en tanto brotan de la ingenuidad creativa de la gente del Pacífico colombiano. Y con esa misma ingenuidad me acerqué a ellos. Comencé a jugar con sus melodías igual que una niña juega con sus muñecas, las viste, las peina, las saca a caminar y va creando un personaje y se va involucrando con ese nuevo ser que es sólo su propio reflejo, su espejo. Estos romances se convirtieron en mis amigos, los fui vistiendo de guitarra, de juegos a voces, de diálogos pentatónicos penetrantes, los descubrí entre rituales ancestrales donde han vivido por siglos, y me llevaron al altar a cantarle a su angelito; nos fuimos juntos de fiesta a bailar con la chirimía y me inundaron de sensualidad.

Claudia y Alejandro, en el estudio de grabación, Octubre 2009
Hacía mucho tiempo que yo no disfrutaba tanto de un trabajo musical como este. Y en gran parte se debió a que tuve en Alejandro Tobón a un compañero inigualable que estuvo presente en cada sesión de grabación (cuando su "deber" inicial era sólo la investigación). Alejo se involucró de lleno en la música, produciendo incluso dos hermosos arreglos. Entre los dos fuimos hilvanando estas fábulas y coplas con sus timbres y notas, y nos entregamos a los romances, sin importar a dónde nos llevaran. Alejo fue primordial en mi interpretación vocal y guitarrística; su criterio, prudente y a la vez aventurero, me dio alas para volar y fuerza para medir lo que musicalmente yo producía. Compartimos y opinamos sobre cada arreglo, cada frase musical y literaria, cada elemento que salió a nuestro paso y que conforma este trabajo.
A mis amigos los romances les presenté a uno de mis músicos favoritos: Pavel Urkiza, arreglista excepcional de música latinoamericana, que tiene gran sensibilidad y apertura hacia todas las culturas musicales del mundo. Él vistió algunos de estos romances de gongs chinos, de ukeleles hawaianos, de flautas croatas, de Caribe y de árabe. Conocer más de cerca la musicalidad de Pavel -a la que he tenido en la más alta estima desde que lo conocí hace diez años- fue un placer divino y un alimento para mi alma. Pavel sacó notas, ideas, frases y arreglos musicales de estas melodías, como un mago que ante nuestro asombro saca conejos de su sombrero. Yo espero igualmente que quienes escuchen este disco se deleiten y asombren ante su fantasía musical y ante la dedicación y el cariño con los que él trató cada melodía.
Y es por eso que hablo de un "elaborado proceso" de grabación, pues los romances tomaron un vuelo inesperado, nos invadieron a Alejo, a Pavel y a mí, y así fuimos descubriendo que cada romance tenía un carácter particular. Un universo se abría ante cada canción y en su estructura descubrimos el blues afroamericano, las escalas pentatónicas y modales -ese lenguaje musical primitivo y universal-, y develamos sonoridades oníricas y ritualísticas. Desnudamos las melodías para encontrar su ancestro español, árabe y hasta barroco, pero, sobre todo, su espíritu atrateño y afrocolombiano. Es afrocolombiano en su libertad para expresar estos cantos sin medida rítmica, para cantar sin importar órdenes o jerarquías, pues de lo que se trata es de sentirse juntos haciendo música, ser comunidad. Esa es la fuerza que tienen los romances atrateños: que les pertenecen a todos.
Todo lo que ha tenido que ver con este trabajo ha sido delicada y amorosamente construido. Desde las cantadoras del medio Atrato, que con sus melodías y sus letras nos han regalado la alegría de escucharlas y de conocerlas, y ahora nos dan la oportunidad de devolverles algo de su generosa creatividad, hasta el equipo de trabajo que tuvimos con Alejandro, Pavel y Luis, nuestro ingeniero de sonido, quien con su humor picante nos sacaba de la intensidad del deber para hacernos reír sin olvidar complacernos en nuestra tarea musical.
Mi sueño de integrar la investigación y la música se ha cumplido con este libro-disco, que, estoy segura, abrirá nuevos caminos hacia la apreciación de las músicas colombianas. Este proyecto me devolvió la alegría de cantar, de apropiarme de cantos tradicionales, cantos a capella donde la música es el cuerpo y la voz es el espíritu, cantos que han sido mi inspiración desde mis inicios en la música.


Este disco, que se originó con mi propuesta a Alejo de grabar los romances con mi voz y mi guitarra, se dejó permear por nuestra experiencia, y como todo lo que se hace con amor, se convirtió en este precioso regalo que la vida nos dio y que nosotros damos a ustedes hoy.
Claudia Gómez
Medellín, noviembre de 2009
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